Visagismo y diagnóstico

Ficha técnica de corte de cabello (no de color): la que uso para repetir un corte

Del color lo fichamos todo y del corte no fichamos nada. Estos son los campos que apunto de cada corte para poder repetirlo exacto cuando la clienta vuelve, aunque la ficha la lea otra compañera.

Anna Barroca
Anna Barroca Estilista, formadora y creadora de colección ·9 min de lectura
Ficha técnica de corte de cabello (no de color): la que uso para repetir un corte

Del color apuntamos todo: base, mezcla, volumen, minutos, cómo salió y qué haríamos distinto. Del corte no apuntamos nada. En la ficha pone «capas largas» y con eso tienes que apañarte cuando la clienta vuelva meses después.

Por eso el segundo corte casi nunca sale como el primero. No es que cortes peor ese día. Es que cortas sin datos y tiras de memoria, y la memoria de un corte dura lo que dura el cliente siguiente. La clienta sí se acuerda: se acuerda de cómo le caía el delantero y de que ahora no le cae igual.

Yo ficho el corte igual que se ficha el color. Y lo ficho con la idea de que lo lea otra persona: si mi ficha no le sirve a una compañera que no estaba ese día, no es una ficha, es un recordatorio.

«Capas largas» no es un dato

Un corte no es un nombre, es una estructura. Dos personas pueden hacer «capas largas» y que una saque peso en la coronilla y la otra lo saque en el perímetro. El nombre comercial del corte no reconstruye nada. Lo que reconstruye es cómo partiste la cabeza, con qué elevación trabajaste cada panel, dónde estaba la guía y qué hiciste con los mechones que no caen solos.

Conviene separar dos cosas que se mezclan siempre: la ficha no es el análisis. Lo que decidiste mirando la cara, el cuello y la vida de esa persona se trabaja antes de coger la tijera; la ficha es lo que hiciste con esa decisión, paso por paso. Doy por hecho que el análisis lo hiciste bien. Lo que quiero es que no se pierda por el camino.

Los campos que lleva mi ficha de corte

1. Particiones y paneles

Cuántos paneles hiciste y con qué líneas los separaste: horizontal, vertical, diagonal hacia delante, diagonal hacia atrás, radiales. Y dónde empieza y acaba cada uno. Esto es lo primero que apunto porque es lo que más manda en el resultado y lo que antes se olvida.

Un dibujo pequeño de una cabeza de perfil y otra de espaldas con cuatro rayas hechas a boli vale más que un párrafo. Si no tienes claro qué hace cada línea de diseño en la forma final, ficharlas sin más ya te obliga a mirarlas, y ahí empiezas a ver el patrón de tus propios cortes.

2. La guía

Tres cosas: dónde nace, si es fija o móvil y hacia dónde viaja. Una guía fija en la nuca no da el mismo resultado que una móvil que sube. Si esto no está escrito, el corte no se puede repetir, se puede imitar como mucho.

3. Elevación panel por panel

Aquí no vale un número suelto para todo el corte. Apunto la elevación de cada panel y, sobre todo, si trabajé con elevación craneal o con elevación opuesta, porque ahí es donde se decide el peso. Es el campo que más me ha salvado: al leerlo entiendo por qué aquella melena se movía y por qué la de al lado se quedó bloque.

Al lado de la elevación apunto el ángulo de los dedos respecto a la sección: paralelo, acelerando o desacelerando. Si desaceleré de arriba abajo o de lado a lado, lo escribo tal cual, con esas palabras.

4. Distribución

Natural, perpendicular, desplazada o en direcciones opuestas. La distribución es la que decide si el delantero se queda quieto o se va hacia atrás, y es invisible en cualquier foto del resultado. Si usé direcciones opuestas en las sienes para ganar largo en la cara, va escrito con las sienes señaladas en el dibujo.

5. Herramienta y gesto

No es lo mismo tijera que navaja, ni tijera de texturizar que crepado. Apunto la herramienta y el gesto: pelar, cincelar con navaja, tricotear, crepado vertical, técnica del violín, abanico. Y en qué zona. Cuando te acostumbras a ponerle nombre a lo que hiciste, dejas de hacer cortes «a ojo»: cada zona pasa a tener una técnica concreta detrás y esa técnica se puede volver a hacer.

6. Texturizado: dónde sí y dónde no

Este campo tiene dos mitades y las dos importan. Dónde texturicé, a qué profundidad desde la raíz y con qué. Y dónde no toqué nada. El «no toqué la nuca» es información pura: la próxima vez sabes que el volumen de ahí abajo es del pelo, no de tu mano, y no te lo cargas por sorpresa. El sitio donde metes el texturizado cambia la caída más que la longitud, y si el gesto que usaste fue uno u otro se nota cuando el pelo crece, no el mismo día.

7. Longitudes, pero con referencias del cuerpo

Aquí es donde casi todo el mundo se equivoca. Los centímetros mienten: mienten con el rizo, mienten según cómo esté secado y mienten según cómo lo hayas estirado tú. Yo apunto contra el cuerpo: hasta el pómulo, al filo de la mandíbula, dos dedos por encima de la clavícula, en el hueso de la nuca. Y siempre con el pelo seco y peinado como lo lleva ella, no mojado en el lavabo.

8. Los hallazgos del cráneo

Este es el campo que convierte una ficha en oro, y es el que no tiene la de color. Todo lo que descubriste con las manos y que solo se descubre tocando esa cabeza:

  • Remolinos: cuántos, dónde y hacia dónde giran.
  • La obertura natural del cabello y en qué zona te obligó a cambiar el plan.
  • Occipital plano o marcado, y dónde está el punto de cambio en la nuca.
  • Implantación baja o alta, entradas, línea del contorno que se va.
  • El punto de balanceo del flequillo, si lleva.
  • Asimetrías: una oreja más alta, un hombro caído, la cabeza que se ladea al hablar.

Esto no cambia de una visita a otra. No cambia. Es el único campo que rellenas una vez y te sirve el resto de la vida de esa clienta, y es el que hace que la segunda cita empiece con ventaja en vez de empezar palpando otra vez.

9. Acabado y qué pasó después

Cómo lo sequé, con qué peine, hacia dónde. Y dos líneas que escribo en la visita siguiente: qué le funcionó en casa y qué no. «Se le abría el flequillo» es un dato de corte, no una queja.

Cómo la relleno sin que me cueste el día

En dos momentos, ninguno de ellos al terminar la jornada, porque al terminar la jornada no la rellena nadie.

Los hallazgos del cráneo los apunto antes de mojar, mientras analizo. Ahí es cuando los tengo en la mano. El resto lo escribo mientras seca: paneles, guía, elevaciones, distribución, texturizado. Son cuatro líneas y un dibujo, no una redacción.

Y tres fotos, siempre en seco y peinado: frontal, perfil y nuca. La nuca es la que nadie hace y la que luego necesitas. La foto no sustituye a la ficha —una foto te enseña el resultado, no el camino—, pero juntas te dan las dos mitades.

Si solo puedes apuntar tres cosas de cada corte, que sean estas: las líneas con las que partiste la cabeza, la elevación de cada panel y los remolinos. Con eso reconstruyes. Con «media melena con capas» y una foto bonita, no.

Cómo la leo cuando vuelve

Siempre en el mismo orden, y el orden importa.

  1. Hallazgos del cráneo. Antes de tocar nada. Me recuerda con qué cabeza estoy tratando.
  2. Estructura. Paneles, guía, elevaciones, distribución. Es el plano.
  3. Lo que cambiaría. Mis propias notas de la vez anterior.

Y luego miro a la persona, porque la ficha no manda sobre lo que tengo delante. Si ha dejado crecer, si se ha teñido, si ha cambiado de trabajo y ya no se peina por la mañana, el plano se ajusta. Pero se ajusta partiendo de algo, no de cero.

Última cosa, y para mí la que más vale con el tiempo: la ficha se corrige cada visita. Tachas lo que no funcionó y escribes lo nuevo. Al cabo de unas cuantas visitas tienes una ficha que ya no describe un corte: describe esa cabeza. Y eso es lo que puede coger otra compañera un día que tú no estés y sacar el mismo corte.

Los campos, en una tabla

Campo Ejemplo de lo que escribo
Particiones 4 paneles, diagonal atrás en laterales, radiales en coronilla
Guía Móvil, nace en nuca baja, sube
Elevación Nuca 0, laterales 90 craneal, coronilla opuesta
Dedos Desacelerando de arriba abajo en el delantero
Distribución Natural atrás, direcciones opuestas en sienes
Herramienta Tijera; navaja solo en puntas del perímetro
Texturizado Crepado vertical en medios de coronilla. Nuca intacta
Longitudes Delantero al pómulo, perímetro dos dedos sobre clavícula
Cráneo Remolino coronilla derecha, occipital plano, oreja izquierda alta
Acabado Secado con dedos hacia atrás, sin cepillo

Con una melena corta el campo que más pesa es el de las diagonales: en un bob la línea posterior decide todo el resto y apuntarla mal es empezar torcida la próxima vez. Con pelo largo pesan más la guía y la distribución. Con rizo, los hallazgos y el acabado. Pero los campos son los mismos.

Empieza por las tres clientas a las que más miedo te da repetir el corte. Ficha esas. Cuando vuelvan y el corte salga igual, vas a querer fichar a todas.

¿Qué tiene que llevar una ficha técnica de corte de cabello?

Las particiones y paneles, la guía (fija o móvil y hacia dónde viaja), la elevación de cada panel, la distribución, la herramienta y el gesto, dónde texturizaste y dónde no, las longitudes referidas al cuerpo y los hallazgos del cráneo. El nombre del corte no es un campo útil.

¿No basta con una foto del resultado?

No. La foto enseña cómo quedó, no cómo llegaste. Dos estructuras distintas pueden dar una foto parecida el primer día y caer completamente distinto cuando crece. Usa las fotos como complemento de la ficha, siempre en seco y peinado como lo lleva ella, e incluye una de la nuca.

¿Se apuntan los centímetros en la ficha de corte?

Yo no. Los centímetros cambian según la textura, el secado y cuánto hayas estirado el mechón. Apunto referencias del cuerpo: al pómulo, al filo de la mandíbula, dos dedos por encima de la clavícula. Eso se reproduce igual en cualquier cabeza y con cualquier rizo.

¿Cuánto se tarda en rellenar una ficha de corte?

Menos de lo que parece si la rellenas en dos momentos y no al final del día: los hallazgos del cráneo mientras analizas, en seco, y el resto mientras seca. Son cuatro líneas y un dibujo pequeño de la cabeza. Si lo dejas para el cierre, no lo haces.

¿Sirve la misma ficha si el corte lo repite otra compañera?

Sirve si está escrita en estructura y no en nombres. «Capas largas» no le dice nada a nadie; «4 paneles, guía móvil desde nuca baja, laterales a 90 craneal» sí. Por eso escribo siempre pensando en que la lea alguien que no estaba ese día.